Mostrando entradas con la etiqueta Mis narrativas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mis narrativas. Mostrar todas las entradas
Remy
La ilusión de un niño cuando ve a su madre es siempre admirable, más éste no era su caso. Desde que él tenía uso de razón siempre había sentido ese odio prematuro hacia su progenitora. Las razones de tal sentimiento, sólo él las sabía.

Pero qué cariño puede pedir una mujer que abandona a su hijo a las manos de la fría y cruel vida; nada en absoluto. Y así era, aunque no del todo. Él era un chico responsable, trabajador y soñador, pero en el fondo frío y podrido por el odio. Desde sus primeros años de vida tuvo que luchar para sobre existir olvidándose del amor hacia los humanos así como el amor a la vida.

Todos los días de su existencia tenía que batallar para traer el pan que alimentara a él y a su perdida madre. Mientras él se partía el lomo buscando un poco de pan o una moneda, su madre de tan exquisito físico se entregaba a las tentaciones de la lujuria, entregándose al primer hombre que le diera a cambio un buen trago de licor. Esto como era de suponerse provocaba que el odio que él sentía se alimentara más y más, pues cada noche, cuando él regresaba del trabajo, encontraba a su madre con un hombre diferente en la cama, alimentando con esto el odio y las ganas de matar a ese hombre desconocido y de paso a su madre. Más siempre se limitaba a seguir su camino y encerrarse en ese cuarto sucio pero ordenado, donde se tapaba los odios con todas sus fuerzas para no escuchar los horribles jadeos que emitía su madre al ser gozada por un desconocido. Y así pasó todas las noches de su vida. Con ese odio y esas ganas de matar.

La verdad de las cosas es que ese niño pudo llegar a ser tan grande como lo es su humilde narrador, sino fuera por esa devoción ciega que sentía por Dios. No sé porque motivo todas las noches le rezaba a Dios para que le diera las ganas y el valor suficiente para llevar a cabo su acometida; matar a esa perdida que no deseaba que fuera su madre.

Una noche de olvido, el chico había decidido acabar de una vez por todas con ella. Así que espero a que llegara la noche y con esto un amante nuevo. Las horas pasaron demasiado rápidas y el chico se sentía poseído por la gracia de Dios, tocado por el espíritu santo y como él decía bañado por la infinita misericordia del señor.

Su madre ya estaba en casa junto con su amante de ocasión, pero esta noche su acompañante no era cualquiera sino alguien especial. Caminando sigilosamente acompañado de un cuchillo que usaba para cortar la caña de uno de sus muchos trabajos, se coló en la habitación de su madre, y avanzó lentamente hacia los cuerpos desnudos que furiosamente parecían dos perros en plena copulación. Levantando el cuchillo muy alto dejó caer el golpe sobre la espalda del amante de su madre, y extasiado por la sangre y el buen sabor del asesinato, le dio más de veinte cuchilladas, dejando sólo un cuerpo sin vida teñido de hermoso color. Su madre al ver tremendo espectáculo grito de susto y trató de huir de su endemoniado hijo, pero éste al ver a su madre muerta de miedo y sobre todo desnuda y extasiada, sintió una ola de emociones lívidas recorrer su alma y actuando como si fuera el propio demonio terminó el trabajo del amante de ocasión.

Bañado de sangre y de excitación se percató de lo que había hecho, pero ya era demasiado tarde. Ahora él era en uno de esos hombres que tanto odiaba y lo peor de todo gozaba de la mujer que le había dado la vida como también el odio. Llenó de rabia por los gemidos y lloriqueos de su madre, acabo con ella de un solo golpe. Cuando recuperó la razón y vio los dos cuerpos sin vida, la locura comenzó a invadir su mente y la mano de Dios intervino dándole a él el valor suficiente para terminar con todo de una vez por todas.
Remy
Las copas brillaban altas y tintineaban al chocar con el cristal de los vasos. Las cervezas se consumían poco a poco y las risas invadían la atmósfera del sitio. La felicidad se derrochaba en contraste con las cenizas de los tabacos y el sonido de la música alegraba hasta al hombre más desdichado del mundo.

Sus risas alcohólicas y sus alientos fétidos de vicio comenzaban a marearme y la cerveza me producía una sensación de putrefacción. Las parejas que bailaban alegremente en la pista improvisada daban tantas vueltas que por un momento me creí atrapado en un vortex de locura. Algo me impulsaba a seguir con la farsa de la fiesta, algo superficial que nacía en mi hipocresía o en mi gusto por la cerveza, algo tan falso que me incitaba a continuar con el fracaso, algo que aún no puedo explicarlo.

Y así continuó la diversión hasta que todos terminaron asqueados por el alcohol, hasta que nadie más pudo reír y cuando todos comenzaron a sentir ese sueño temible que abraza la embriaguez. Entonces, en ese momento disfruté la fiesta por completo. Me divertía ver a esos seres hablando como idiotas, a esos otros cayéndose y haciendo el ridículo, a más de dos vomitando sobre los muebles de mi hogar y otros pocos teniendo sexo u orgías en cualquier rincón. Pero más me divertía beber y sentirme acompañado de verdaderos seres humanos.
Remy
La hora del juicio final se acercaba. Mi corazón palpitaba tanto que por un momento creí que se saldría del pecho, mis respiros se agitaban a tal punto de sentirme asfixiado y mi presión comenzaba a subirse a mi cabeza produciéndome un dolor intenso. Pero continuaba firme esperando el momento. El ardor de la espera comenzaba a irritarme y ganas no me faltaban para voltear y olvidarme de todo, pero mis cartas ya habían sido lanzadas y sólo quedaba enfrentarme. Así que continué esperando.

Y ahí me encontraba, como el chico que arriesga todo por conseguir muy poco, como un niño jugando a ser grande, como un hombre tratando de ganarse unos centavos. Y por más que me esforzaba no sabía que era peor: Si sentir el sudor recorriendo mi cuerpo o sentir la camisa bien planchada pegarse a él, o simplemente el hecho de estar ahí esperando a comenzar mi puesto.
Remy

Primera parte

“Fue la etapa más emocionante de mi vida, conseguí trabajo como limpiador de mesas en un Burguer King y así conseguía comida y unas cuantas monedas; algo bien cierto, las hamburguesas apestaban. Seguí follándome a la madre de mi amigo, hasta que éste nos cacho un día en el que lo hacíamos sobre la mesa de la cocina. Recuerdo que tenía a su madre como la perra que era, mostrándome su exuberante culo, mientras yo se lo partía con una fuerza descomunal. Cuando el pusilánime de mi amigo nos cachó tuve que dejar el departamento. Lástima aún extraño el hermoso culo de su madre.

“Con un trabajo horrible pero estable y con buenas notas en la escuela, sólo me quedaba buscar un hogar para llegar a mi meta. Así que me dirigí a casa de Mario, un amigo que había conocido en una feria del libro, un tipo extraño pero divertido. Y ahí me adapté a la perfección, pues Mario era tan ligero y tan sabio que aprendí mucho de él. Todas las noches de viernes salíamos a cafés o a bares a seducir mujeres para después llevarlas a casa y follar con ellas hasta que amaneciera. No sólo aprendí a seducir chavalas finas -pero en el fondo fáciles- sino también aprendí buena poesía y ciencias oscuras, un bonito pasatiempo.

“Así viví cinco años de mi vida, entre mujeres baratas, vino, diversión, arte, magia y lectura. Hasta que apareció Verónica, una chica intelectual que conocimos en una exposición de libros, y como Mario ya estaba en la edad de sentar cabeza decidió unirse en matrimonio con ella. Vaya, lo que hacen unas tremendas tetas y unas jugosas caderas. Al menos Verónica sabía cocinar muy bien y conocía de principio a fin las actividades domésticas, tal vez por ese motivo Mario decidió unirse a ella. Aunque Mario como el buen libertino que era siguió acostándose con la primera mujer que cayera rendida ante sus versos y palabras bonitas.

“Una vez que Mario se juntó con Verónica, decidí dejar la casa y continuar la vida. Aunque Mario me rogó que me quedara mínimo hasta que consiguiera un nuevo hogar; abandoné la casa y con ella una de las mejores etapas de mi vida. En ese tiempo ya contaba con 21 años y no era el mismo niño que dejó la casa de sus padres, esta vez era un adulto con título de licenciado en Literatura y Letras y estudiante de doctorado en Filosofía, con experiencia en la vida y en mujeres. Aunque seguía sin trabajo, pues me mantenía del arte de Mario y del dinero que le sacábamos a las mujeres finas, seguía peleando en la vida.

“Sin un techo, sin comida, sin ropa, no sé a donde fui a parar. Un tiempo vivía en casa de una puta rica, otro día dormía debajo de un puente o una banca de un parque o simplemente no dormía, pero eso sí jamás paré de escribir, escribía sobre servilletas, periódicos viejos, en donde sea. Y así pasé dos meses de mi vida, hasta que un día por cuestiones del destino o de Dios me encontré caminando en una exposición de pinturas. Eran espectaculares y emocionantes. Quedé hipnotizado por tan bello arte. Y claro, la creadora de tan hermosas pinturas era una hembra sublime, una pelirroja de melena abundante y chinos que contrastaban con la redondeces de sus senos, una piel tan blanca y exquisita como sus piernas tonificadas y un culo digno de alabanzas. Quedé tan impactado de ella que terminé tirándomela. Así fue como pude conseguir hogar y un poco de dinero. Por primera vez el pequeño hombre inmaduro sufría cambios en su alma y corazón. Sentía amor, podrías creerme, me encontraba enamorado. En parte por las tremendas mamadas que me hacía y en parte porque era tan buena conmigo, tan cariñosa y tan cachonda. Nunca olvidaré que gracias a ella publiqué mis primeros libros de cuentos y una que otra de novela...

Continuara...
Remy
Y de nuevo él estaba ahí. Cansado, hambriento, aburrido y asqueado; pero sin miedo. Esperando de nuevo dar ese discurso tan trillado que ya hasta se lo sabía de memoria; eso le provocaba un asco tremendo. Algo diferente en él, era que el temor se había esfumado, lo que antes era miedo ahora se había convertido en monotonía y asco. El miedo de principiantes, el miedo de no saber que decir, el miedo de ser juzgado, el miedo de no ser aceptado; todos esos miedos ahora esfumados, ahora convertido en náuseas y asco.

Con ganas de salir corriendo a vomitar, se limitó a esperar su próxima entrevista. Mientras esperaba y para no vomitar en medio de la sala de espera se dispuso a pensar en una serie de cuestiones: ¿Qué le provocaba ese asco tremendo? La monotonía de las palabras o la sonrisa y amabilidad hipócrita que tenía que fingir en cada entrevista.

Después de unas cuantas entrevistas de trabajo y sin resultados algunos, o sea sin conseguir empleo, él comenzaba a desesperarse. Al principio pensaba positivamente, cada entrevista fallida eran puntos de experiencia para su forjamiento profesional, pero ahora él comenzaba a desilusionarse de si mismo y pensar que todo era un asco. Una mierda, lo peor de lo peor. Pero él estaba ahí esperando su nueva entrevista, con los ánimos elevados por conseguir ese empleo, con la ilusión de ganar unas cuantas monedas para ganarse la vida que comenzaba a vivir y con esa sonrisa iluminativamente hipócrita que tanto funciona a la hora de pedir un empleo, o al menos eso seguía pensando.
Remy

Fue en el invierno pasado, sí estoy seguro. Fue durante las vacaciones en nuestra casa en las montañas de Canadá. Recuerdo cuando todas las noches tocábamos juntos el piano y acompañábamos nuestras veladas con un poco de vino tinto. Recuerdo las notas y las sinfonías, Beethoven, Schubert y Mozart. No sé porqué amabas a Mozart, la verdad es que yo lo odio pero tú te desvivías con sus sinfonías mientras que yo me aguantaba el asco, siempre odié a Mozart. Tal vez allí surgió todo.

Después de tocar toda la noche el piano nos dirigíamos a la biblioteca y recitábamos juntos versos y prosas, al menos ahí compartíamos gustos. Recitar a Dante y el Fausto de Goethe, nos encantaba y nos embriagábamos como locos. Para terminar nuestras hermosas noches después de nuestras recitaciones de buena literatura te ponías un poco cachonda. Tu mirada perversa y tu cara angelical me volvían loco. Nos tomábamos todo el vino hasta quedar extasiados y concluíamos nuestro calor juntando nuestros cuerpos. Lo hacíamos en donde cayera, en la sala, en la cocina, en la biblioteca, en el recamara, pero nuestro lugar favorito siempre fue el desván. Ahí rodeado de objetos olvidados y reliquias.

Pero no sé porqué lo hice. No lo recuerdo. Tal vez fue tu culpa, sí de seguro eso fue. Jamás he actuado de esa manera. Una mañana estábamos los dos tan cansados de tanto sexo que nos quedamos en cama hasta tarde. Me dolía la cabeza como no tienes idea. El vino me afectó tremendamente y tú seguías durmiendo como un ángel. Me levanté despacio para no despertarte y me dirigí al baño para refrescarme la cara. Una aspirina, demonios no teníamos aspirinas así que decidí salir al pueblo a comprarlas y de paso algo para desayunar.

Cuando llegué a casa te encontré aún dormida sobre la cama, cubierta tan solo con una sábana y tus nalgas se remarcaban divinamente a través del velo. Me acerqué a tocarlas lujuriosamente y tú ni siquiera reaccionaste. Seguí tocando tu cuerpo y recorriendo cada línea de tu espalda suavemente. Me olvidé del dolor tremendo de cabeza. Pero tú seguías sin reaccionar. Eso provocó una furia dentro de mí, seguías ahí acostada sin ni siquiera moverte. Entonces saqué mi miembro y te perforé por atrás, y lo hice una y otra vez, pero tú ni un pequeño grito dabas, nada, estabas como muerta. Entonces te penetré violentamente hasta partirte el culo en dos y ni así.

Enojado como no tienes idea, te volteé y te agité violentamente para que me dieras la cara, cual fue mi sorpresa cuando al verte de frente, te encontré con la garganta abierta. "Dios, ¿quién te había rajado el cuello?" Esa horrible fisura en tu piel manchada de rojo, las sábanas manchadas de sangre y tus senos rojos, un rojo horrible, un rojo perpetuo, un rojo eterno.

Desesperado y muerto de miedo me levanté de un grito. Corrí al baño a buscar con que limpiar tu cuerpo. El lavabo estaba rojo, rojo en todo el baño. El espejo del baño destruido y mi navaja de afeitar se encontraba manchada de ese rojo intenso. Traté de calmarme y buscar una solución. Yo no pude haberte matado. No recuerdo nada, nada. Yo no fui estoy seguro.

Envolví tu cuerpo con la sábana manchada de sangre y bajé con cuidado al patio para meterte en la camioneta. Tenía que deshacerme de todo, de ti, de las evidencias, de la sangre de todo. Te amaba tanto, yo no pude haberlo hecho, pero créeme nadie me lo hubiese creído, por eso lo hice, corazón. Decidido en borrar rastro de todo lo que no hice me dirigí al lago, si te arrojaba allí amarrada a una piedra desaparecerías por completo pero no, de seguro sería el primer lugar en donde buscarían un cuerpo. Enterrarte, tampoco, quemarte menos. Entonces se me ocurrió la brillante idea. Primero me deshice de mi navaja sin antes hacer uso de ella. Así que abrí tu vientre lentamente para sacar tus viseras. Te limpié, te arreglé, e hice uso de mis conocimientos en embalsamiento, bueno, naturalmente nacieron esos conocimientos, no sé de donde salieron. Como si fuese un maestro en el arte de la disección y usando materiales caseros logré tenerte de nuevo. Todo el desperdicio y lo horrible de ti se lo di a los lobos nocturnos. Con la sábana hice un bonito vestido para ti. Estabas completa, una muñequita, una muñequita de aparador. Ya estaba todo listo, así que hice un bonito aparador con las reliquias de nuestro diván y te coloqué ahí.

Mírate ahora amor mío. Estás tan bonita y tus senos y tu cuerpo no se ha arrugado ni ha envejecido ni siquiera maltratado. Pero este viejo diván no es para ti y ahora que quiero sacarte de esta prisión y llevarte a un altar digno de ti me reclamas de que yo fui el autor de está masacre. No, corazón mío, tan solo arregle algo que no hice, sólo hice el trabajo de un arista, y ahora estarás conmigo siempre. Acéptame corazón mío y acepta mi propuesta vámonos a un lugar más bello en verdad que yo no lo hice, no lo hice entiende, no lo hice. Vámonos amor mío odio este lugar, odio las montañas, a Mozart y a ti maldita perra.
Remy

Ella llegó a la cita media hora antes de lo marcado. Era tanta su emoción que se vistió con las mejores prendas con las que contaba, se perfumó con sus mejores esencias y se pintó la cara de una manera exuberante. Y ahí estaba esperando en la estación Allende. Una niña jugando a ser mujer, una niña de dieciséis años disfrazada de puta, una princesa encerrada en su torre esperando la llegada de su príncipe azul y así esperando su libertad.

Los metros llegaban y ella se emocionaba con cada metro que pasaba. No conocía nada de él, sólo conocía su excelente sintaxis y ortografía, su elocuencia para jugar con las palabras y ese sentido misterioso que él sabía meter en cada frase; pero no conocía su rostro, tan sólo conocía de él una foto. Aunque eso bastaba para que ella lo encontrara a él.

La gente seguía bajando y subiendo de los vagones y ella seguía esperando. Los minutos pasaban lentos y el reloj del metro casi se aproximaba a la hora esperada. Ella no se movía del lugar en donde habían quedado, pues si se descuidaba por tan solo un segundo corría el riesgo de perderlo por completo.

Los minutos pasaron y él ya contaba con media hora de retraso. Por más que ella volteaba a todos lados no lograba ver a su príncipe, pero ella no se daba por vencida, seguiría esperando. Pobre niña, pobre mujer, pobre ilusión. Su corazón ya no sentía emoción tan sólo sentía tristeza. "¿Y si le pasó algo? ¿Y si lo descubrió su mujer?" La inocente se hacia esas preguntas como tratando de ocultar la verdad de su situación con una tragedia. No quería darse cuenta de la realidad.

Una hora de retraso, ella se encontraba llorando. Llora niña, llora que así es mejor. Decidida por fin de dejar el encuentro dio media vuelta y se dirigió a la salida. “¿Jazmín?” Escuchó su nombre de lejos y su corazón se llenó de alegría y sus ojos que derramaban tristezas brillaron como dos faroles en la obscuridad. Era él, era su hombre, su quimera, su juego, su salvador, era él gritando su nombre. Un hombre bien vestido, atractivo, maduro, esperándola del otro lado del metro para llevarla al reino que ella tanto deseaba, al sueño que él le había prometido, al lugar de felicidad donde ella podría tocar el cielo y sentirse mujer por completo. Y así fue...

Después de ese día ella no volvió a ver a José. Pero su príncipe quedará siempre en su vida, su salvador que por un momento fue amado y ahora odiado desde el fondo de su vientre, seguirá viviendo en ella. Jazmín, ya no eres una niña, ya no eres una señorita, eres una mujer, una mujer por completo esperando de nuevo. Jazmín cumpliste tu sueño.
Remy
En verdad no sé que escribir, a veces se me acaban las ideas o no me siento muy inspirado. La verdad no sé lo que me pasa. Bueno, a lo mejor sí; estoy enojado. Y es que cuando estoy enojado mi ingenio se vuelve ira, un odio temible, atroz, horrible. Pero calma, que no soy violento, me aguanto el coraje. En otras palabras me trago el coraje. Y vaya que funciona esto, aunque a la larga me traerá problemas de salud, pero que importa; hace que sea un tipo agradable para las demás personas.

Así pues, puedes ofenderme, gritarme y hasta golpearme y jamás te haré un reproche ni te diré nada, es más ni siquiera te golpearé la cara. Así soy y es parte de mi naturaleza. Aunque a veces deseo golpear cuando alguien me golpea una mejilla, termino poniendo la otra; que patético. Pero como les digo a veces es bueno no decir nada ni gritar ni golpear. Simplemente basta con sonreír, dar media vuelta, esperar a que se pase el enojo y volver a escribir.

Ahora espero volver a escribir porque la verdad no me siento con inspiración y siento que no estoy escribiendo nada bueno, en fin. Malditos tipos del agua, del gas, de la luz, también la señora de la renta y todos los gilipollas del gobierno, que se pudran en el infierno. Ah se me olvidaba, que se joda esa ingrata que se robó mis poemas de esta semana.
Remy

El día en el que aprendí a volar no fue exactamente tan perfecto como lo esperaba. Recuerdo que era un día como cualquier otro, nada especial. Un total fiasco. Todos los días de mi vida, desde que tengo memoria, había esperado el momento, no el momento de volar, sino el momento de ver mis alas, pues desgraciadamente nací sin ellas. Pero esto no me impedía ni mucho menos me quitaba la ilusión que algún día misteriosamente, milagrosamente o mágicamente surgirían dos hermosas alas de mi ser, no parecidas a las de un ángel o las de una linda ave ni tampoco alas temibles de murciélago, sólo quería ver unas alas en mi espalda.

Todas las mañanas me levantaba y me asomaba en el espejo para ver si dos alas habían brotado de mi ser. Lástima, nunca sucedió eso, pero no me daba por vencido. Así continué dos años de mi vida esperando el momento de ver mis alas. Hasta que un día, sí un día como cualquier otro, cuando todo lo creía perdido y me daba a la idea de olvidarme de ellas y de olvidarme de volar y ser libre; brotaron mis hermosas alas. Dos hermosas alas parecidas a las de un ángel propio de los cuadros de Bouguereau. Me encantaban, en verdad eran hermosas y quería presumirlas a todo el mundo pero sabía que eso costaría mucho pues los humanos son criaturas en las cuales uno no pueda confiar, y es que había dejado de ser humano para convertirme en un ser divino; un ángel.

Aunque era feliz con mis alas aún me falta una cosa que hacer; ser libre y alejarme volando. Algo que aprendí ese día fue que usar alas no es tan sencillo como lo esperaba, no se les puede mandar señales eléctricas como a los brazos para que actúen, son un poco más complicadas de manejar. Pero era un joven ángel dispuesto a volar libremente en el cielo así que decidido de mi encomienda subí a mi azotea, abrí mis alas magnificentes que radiaban gracias a los rayos de la luna, me dejé llevar por el viento cálido de la noche y di un paso al vacio.

La caída era tan horrenda, el viento me pegaba brutalmente en la cara, los ojos salían chispados de mis cuencas, el piso estaba cerca y mis alas no reaccionaban. El miedo se apoderaba de mí y en un acto inconsciente mis alas se batieron, volaba. Alcancé la gloria, el vuelo, la libertad. Volaba libremente, jugaba en las nubes, acariciaba a la Luna, me escondía entre parvadas, era tan hermoso. Hasta que Dios se detuvo a observarme, estaba celoso de que un ser divino fuera tan feliz en su mundo, así que caprichosamente tendió sus manos y de ellas surgieron dos temibles rayos que cayeron sobre mí. Mis alas se quemaron y caí vertiginosamente sobre el pavimento. Cuando recobré la razón, descubrí que mis alas estaba arruinadas y junto a mí se encontraba una nota acompañada de una pluma hermosa: “No está en la manos de un humano ser libre como un pájaro y ser tan feliz como el viento, el lugar de un hombre es la tierra no el cielo”. Lloré mucho y maldije a Dios por sus caprichos y tontas leyes. Pero me supe levantar y aprendí que el primer vuelo siempre es malo. Ahora recupero fuerzas para volver a emprender otra vez el vuelo, llegar al cielo y arrojar a Dios por la borda. Un hombre puede ser destruido pero jamás derrotado, y yo, soy un hombre.
Remy

“Ella te ama” Dice la melodía que suena en la radio, así que prefiere cambiarle de estación, las cursilerías no son para él. Algo más rudo, digno de un hombre, pero no encuentra nada a su nivel, mejor apaga la radio. Se conforma con tararear una pequeña nota de rock mientras le pisa al acelerador hasta el fondo. 90 kilómetros sobre hora no son nada para él ni para su automóvil. 120 kilómetros sobre hora, apenas comienza a sentir esa adrenalina que lo alimenta. 180 kilómetros sobre hora, bien, comienza a sentirse bien. Siempre le ha agradado sentir la emoción del peligro correr en sus venas, como si su sangre se convirtiera en fuego y éste lo quemara hasta el punto de sentirse extasiado.

Los automóviles de la carretera comienzan a verse como pequeñas líneas que pasan a través de sus ventanas a una velocidad sorprendente. Se siente confundido y un poco de heroína lo hará entrar en razón. Sólo un poco, con un gramo está bien, desgraciadamente ha sufrido varios efectos a causa de esa droga así que ha aprendido a moderarse, al menos una cosa buena para él. Es todo un maestro en el arte del volante y con su incentivo, o mejor dicho, su impulso, deja a todos con la boca abierta. Ningún hombre jamás se le ha puesto en frente, todos los que lo han intentado han probado la furia de sus puños y los menos afortunados, el filo de su navaja. Todo un valiente, como él se hacia llamar. Era tanta su confianza en sí mismo o el ego en el que se podría la causa por la cual se comportaba de esa manera, esa manera autoritaria y prepotente, esa manera de golpear a cualquiera que se pusiera enfrente, esa manera de desafiar al espacio sobre tiempo.

La droga se apoderaba de sus sentidos. Ya no era él, sino el valiente que habita en el interior del valiente. La bestia salvaje dispuesta a demostrarle a cualquier macho, que él es el macho dominante. El valiente, el valiente, el valiente, siempre sonando en su mente. 230 kilómetros por hora, la sangre y la adrenalina brotan como chorros de agua a presión. Un solo movimiento, un solo segundo, un solo aliento, todo oscuro, todo vacio. Él era el valiente.
Remy

"Las intrigas de la vida comienzan desde la familia, y no es que esté en contra de ese superficial grupo de humanos que se unen para realizar ciertos objetivos, usando el canibalismo y la traición, sino a ese grupo conformado por: padre, madre, hermanos, hijo.

"Ese pequeño grupo que hace que los hijos, o por lo menos uno, se sientan fuera de lugar; como fue en mi caso. Desde el primer momento en el que respiré el aire purificador que envolvieron mis pulmones y di ese llanto atroz que significaba que había sobrevivido al parto y por consecuente que comenzaba a vivir; tuve contacto con mi madre. Hubiese preferido no haber vivido ese capítulo traumatizante en mi vida.

“Recuerdo que me llevaron directo a los brazos de mi madre, me dio asco esa escena tan conmovedora, lástima, era tan pequeño para decirlo con palabras o para salir corriendo mientras vomitaba, así que sólo puede llorar muy fuerte, tan fuerte que los estúpidos doctores afirmaron que era un bebé muy sano. Vaya si en ese momento los doctores me hubiesen visto a la edad de cinco años con la tremenda asma que me asotaba, ni hubieran dicho eso.

“Mi madre era una señora muy linda pero muy sobre protectora, con decir que a la edad de cuatro años aún la necesitaba para que me limpiara el culo después de defecar. También recuerdo que jamás ejercí ningún deporte por el miedo que tenía mi madre a que tuviera contacto salvaje con otros humanos, creo que desde ese momento comenzó mi debilidad no solo hacia otros seres sino hacia la vida. Me alimentaba, me cocinaba tan sabrosamente, me tenía tan bien que jamás me vi en la necesidad de cocinar mis propios alimentos o lavar mi ropa ni mucho menos conseguir un peso para sobrevivir, siempre tuve todo al alcance de mis manos. Bueno, los problemas vinieron después, cuando decidí dejar mi celda y explorarme a la vida. Mientras, el único escape a mi madre y a mi realidad eran los libros, gracias a Dios existían los libros.

“En cambio mi padre era un pusilánime, un mandilón, un hombre sin vicio alguno. Jamás tomaba ni mucho menos jugaba o apostaba. Nunca nos dejó sin comer y nunca nos faltó dinero. El viejo era un luchón en la vida, lástima que todo el dinero que producía iba a parar a manos de mi madre y éste a su vez iba a parar a nuestras manos, o sea, a mis manos y a las de mi hermano. Mi hermano era mi contrario, un adolescente rebelde que mandaba al coño la autoridad de mi madre, lástima que se perdió en el alcohol y acabó como obrero para mantener a una puta, o como él decía: su puta.

“Cuando di el primer paso a mi vida, fue la primera y única vez que vi a mi padre enfurecerse tanto. Era de suponerse, pues yo estaba decidido a dejar la ingeniería para dedicarme por completo a la literatura. Mi madre se comportó tan diferente, pues se limitó a no decir ni una palabra, lástima que después de esa noticia cayó muy enferma. Esta noticia fue el boom de la familia y el comienzo de una nueva etapa, pues alegremente mis padres me dejaron volar y comencé a vivir solo, a forjar mi vida y mi destino.

“La vida no fue como la esperaba, pues allá afuera el mundo es un nido de caníbales y chupasangres. Tenía que conseguir dinero para mantenerme y mantener mi carrera de literatura y letras. No sé que fue más difícil si buscar un techo donde dormir, aprender a cocinar y lavar o conseguir un trabajo, simplemente aprender a vivir. Pero estaba decidido así que moví mis primeras piezas, busqué a un amigo que vivía solo en un departamento que por fortuna su madre era una cortesana, así pues conseguí techo y una que otras veces cuando la madre de mi amigo nos visitaba me tiraba a su madre hasta por las orejas.

“Fue la etapa más emocionante de mi vida, conseguí trabajo como limpiador de mesas en un Burguer King y así conseguía mi comida y unas cuantas monedas, aunque las hamburguesas apestaban. Seguí follándome...

Sedunda Parte

Continuara...

Remy

Boom boom boom, sonaban los tambores y su ritmo cardiaco se aceleraba con el sonido de la música. Boom boom boom, los negros se excitaban en su música y tocaban más y más. Ella estaba aburrida, cansada, sentía la fatiga de estar encerrada, querá salir y olvidarse de todo. Boom boom boom, las rastas de los negros se ondulaban al par de sus saltos, parecían demonios bailando alrededor de una fogata. Su único destino era pensar, ella estaba cansada de pensar. Boom boom boom, los negros seguían tocando. La música le asentaba bien, ese sonido parecido al latir de su corazón, ese sonido que la liberaba de su estrés, ese sonido que la hacía olvidar, ese sonido ese boom boom boom. Tucu tucu tucu, los negros cambiaban de ritmo. Ella se estremecía, se sentía excitada, por fin estaba liberada. Tuc boom tuc boom tuc boom, los negros brincaban bailaban, volaban. Actuando como dominada por la música, abrió sus alas y se unió al baile. Sus manos se agitaban, sus cabellos volaban, parecía un muñeco movido por el viento. Se dejó llevar por el ritmo, por la canción, por el baile, se encontraba bailando y al fin olvido sus pesares.
Remy

Eran como las once de la noche, estaba aburrido de leer a Dostoyevski y aburrido de la vida. Una pregunta surgió de mi mente ¿Por qué continuas esta vida? Tras analizar detalladamente mi respuesta. Cogí mi saco y revisé los bolsillos. 500 pesos, lo único que me quedaba para sobrevivir en este mes.

Salí a caminar en la inmensidad de la noche, olvidándome de mi vida, del trabajo, del dinero y tratando de no mirar atrás. Nunca mirar atrás. Seguí caminando hasta que llegué a un bar de esos que parecen burdeles disfrazados. El ambiente del burdel apestaba a alcohol, a vicio, a perfume barato y a un aroma que me dejó estupefacto. Me acerqué a la barra, el tipo que estaba al otro lado era muy viejo y tenía una mirada tranquila que me inspiró confianza. Le pedí una cerveza y me cobró 50 pesos ¡Qué robo! Saqué uno de mis billetes y pagué la cerveza.

Tomé tranquilamente la cerveza, disfrutando cada gota de su sabor. Jamás había probado una cerveza tan sabrosa en mi vida. Cuando estaba dispuesto a salir del bar burdel y continuar mi vida, un pequeño aroma despejó mi mente y como parte de un ritual telepático me atrajo. Estaba tan hermosa tomando una copa de ron, una mujer tan bella, con los ojos más tristes y alegres que jamás haya visto, unos labios carnosos pintados de carmín, unos pechos voluptuosos asomándose en ese escote provocador y un rostro angelical que se escondía en una máscara de diablo malvado, pero lo que me atrajo a ella fue su aroma, su perfume, su olor, sus nalgas.

Le pedí al viejo un trago de tequila, el más fuerte que tuviera. 100 pesos. Los pagué sin dudarlo. Bebí hasta la última gota de un solo trago para así tomar valor y hablarle a la puta encantadora.

“Aburrida noche, ¿no crees?”, le dije sin temblar. “Cariño, si me vas a invitar un trago te estás tardando”. Me respondió de una manera tan sublime dejándome un aroma exquisito a tabaco y alcohol. “Ah, si claro, ¿qué gustas tomar?” Y ella llamó al viejo y le pidió un trago con un nombre tan extraño que jamás en vida lo había escuchado. 300 pesos. Bueno debería de valerlo, los dioses deben tomar elíxires para mantenerse tan bellos, “200 pesos la hora, si los tienes sígueme” Busqué en lo más profundo de mis bolsillos y sólo encontré 50 pesos. Ella se alejaba caminando fervientemente, moviendo sus curvas como olas hermosas que se baten en un mar insaciable movidas por la Luna, por la redonda luna parecida en redondez de esos dos jugosos bollos que se encontraban en el inicio y termino de sus caderas, esos hermosos y bien formados glúteos que se meneaban con un ritmo armónico, incitándome a que me moviera de mi lugar y fuera tras ellas. Aún recuerdo esas nalgas moviéndose y alejándose ligeramente.
Remy

Sofía era su nombre. Aún no lo recuerdo y cuando lo recuerdo quisiera no lo recordarlo. Sofía, Sofía, Sofía, me ahogo en tu nombre y melodía.

Ya va a cumplir un año desde que te fuiste de mi lado, más sin embargo, no pierdo la esperanza de que algún día Dios perdone tu pecado. ¿Por qué lo hiciste Sofía?

Dicen que ese pecado se paga con el tormento diario, que muchos y miles de soldados te atormentan hasta destruirte en mil pedazos. Soldados infernales, fuego purificador, pecados vánales que cumples en nombre de Dios.

Sofía aunque de mi vida para salvarte, lo que un día lograste no tiene perdón ni salvación. Te dejaste llevar por el consejo de un demonio anciano y la decisión de volar estuvo en tus manos. Lo hiciste Sofía, pobre de ti, mi Sofía.

Quisiste escapar de tu realidad y agonía para alcanzar la paz interna que tanto pedías en tu vida. Aún recuerdo ese momento, llegué demasiado tarde al encuentro. Cuando te vi, una rosa voló tras de ti y tu vano cuerpo cayó en el inmenso fondo de mi tormento. Sofía te grité, Sofía te imploré, me abandonaste Sofía, volviendo tu faena mi triste condena.

Sofía te vi caer, Sofía ¿por qué lo hiciste mi Sofía? Te vi morir, y ahora mi Sofía yo sufro por la tristeza de tu partida y tu infernal castigo, mientras tú, Sofía, pagas tu pecado y tu encierro en las llamas del infierno.

Que Dios te perdone, Sofía...
Remy
Viajero frente al mar de niebla, de Friedrich

Mi nombre lo he olvidado, mi pasado me sigue atormentando, ¿Quién soy yo? Lo recuerdo y por más que quiera olvidarlo este pensamiento seguirá existiendo.

Mi exilio trajo consigo felicidad, mi soledad trajo consigo paz y mi muerte esperanza. En el lugar en el que habitaba sólo penas pasaban, desgracias sin iguales y conflictos numerables.

Lugar que habitaba lugar que no se salvaba, a todos atormentaba y todos los que me rodeaban iban pereciendo poco a poco. Fui su plaga, su peste, su maldición.

Todas estas desgracian ocurrían por obra del mismísimo diablo ¿o caso era yo el diablo en persona? Diablo me han llamado, gente me a linchado, todos me han humillado y sin saberlo a todos ellos he salvado.

Para salvarlos de esta peste y de esta maldición mi destierro fue nombrado y sin pensarlo dos veces mi sangre ofrecí para salvar a mi pueblo, mi gente, mi sangre.

Más los desagradecidos al liberarse de la peste, un error cometieron, creyéndose libres de todos males mil maldiciones peores despertaron. Tal vez mi creador, tal vez mi Dios los había castigado.

Seguir Leyendo...


A los siguientes días de mi partida, el vulgo regocijado en la felicidad y libertinaje, librados de todo mal malgastaron sus riquezas, crearon diversiones insanas, jugaron con su virtud y se olvidaron de toda existencia. Fueron castigados por la ira divina.

Todo el pueblo fue consumiéndose en la diversión y en la ignorancia, todo era alegría y vicio, todo era hermoso y cada día era digno de celebrarse con mujeres y vino. “¡La peste se ha ido, jamás sufriremos más maldad, más penas, más hambre!” decían los asnos.

Pero la diversión fue volviéndose insana y fueron olvidando sus deberes, su solidaridad, su trabajo, su fe, su temor, su amor. Ya nada era bueno, todo era pecado y diversión, ¡pecado!, sólo eso y nada más...

Al llegar a mí tan horrible noticia por gracia de mi divino creador, éste me iluminó y lo que en un tiempo fue su perdición ahora sería su salvación.

Partí a mi pueblo y abrí las puertas del infierno. Me topé con la vergüenza, con lo despreciable; al ver a mi gente, éstos me provocaron asco, irá, temor, miedo y sobre todo tristeza. “¡Gente mía acaso así es como pagan esta salvación, este sacrificio, dejándose llevar por la lujuria y la gula!”.

Pero los desdichados al ver mi presencia, sus rostros llenos de vicio y alegría insana cambiaron rápidamente a temor y de temor a ira. “¡La peste!” Ellos me gritaron.

“Humanos insensatos, ¿Así pagan el bien que el divino les ha otorgado?, con lujuria y diversión han manchado esta santidad que a sus vidas ha llegado, me dan pena, me dan tristeza, ¡¿Oh divino en qué se han convertido mis hermanos?!” Al decirles esto, los inhumanos se lanzaron hacia mí, y como perros aplastaron mi cuerpo como si fuese un gusano.

Sus golpes los liberaban poco a poco, cada golpe que mi cuerpo recibía era luz que su alma iluminaba, cada gota de sangre vertida de mi ser era agua limpia que purificaba su razón y cada minuto de vida que en mi se agotaba era un siglo de tranquilidad para las suyas.

Cuando mi sangre manchó sus cuerpos y mi vida se agotó por completo, ellos se percataron de la masa informe que golpeaban y fueron testigo de milagroso evento. Mi cuerpo; o lo que quedaba de él; se transformó en una luz, una luz blanca y hermosa que se elevó al cielo y habitó en mis hermanos.

Al recibir este destello ellos lloraron y el rojo que teñía sus manos y caras limpió sus pecados, sus lágrimas rodaron por sus mejillas y sus suspiros elevaron sus riquezas, todos lloraron ese día y todos quedaron salvados.

Remy

Sentado en el borde de mi cama escuchando el tic tac de mi reloj y esperando que algo nuevo sucediera en mi monótona existencia, lo vi.

Vi esa imagen extraordinaria que llenó de espanto y alegría mi corazón. Postrado en el umbral de mi ventana, con sus ojos de infierno a través de un río inmaculado de exitación siempre fijos en mí…

No le dije nada por el impacto que este me causaba y muerto de la excitación por contarle todo lo que en mi pasaba pero ¡oh desgracias! ni una palabra en mi ser se producía. En cambio él, sin decir nada y sin mover ni siquiera un milímetro de su volumétrica masa me llevo a lugares desconocidos e inimaginables. Siempre con esa mirada putrefacta...

Cansado de nuestro encuentro decidí romper el hielo y acercarme a él, ¡O craso y fatal error! Al caminar hacia esa bella imagen angelical, algo, no sé como explicarlo, invadió la atmósfera de mi cuarto y este sueño alegre se convirtió en pesadilla.

Esos ojos que impactaban mi corazón, poco a poco se fueron deslumbrando y el rojo brillante se tiñó de rojo sangre, toda una experiencia inolvidable, y una imagen horrorosa de la que jamás podré olvidarme...

Sin saber como ni cuando, desperté de mi horrible pesadilla, pero pronto me di cuenta que esta pesadilla apenas acababa de comenzar.

¡Oh Dios mío, eso horribles ojos!
!Esos ojos siempre tras de mí!

Remy

Desterrado de Itaca y vagando cien años de soledad por un lugar remoto de la Mancha del cual no quiero acordarme, comencé mi gran odisea. Descubrí el arte de los libros, guiado por el saber y por el conocimiento adquirido por las letras.

Como un lobo estepario, recorrí casi todo el mundo de los libros, oculto en murallas de Troya, navegando en submarinos imaginables por oceános desconocidos, rodeando al mundo en 80 días, pelando contra ogros, orcos, dragones y fieras temidas.

Leyendo e imaginando hoja tras hoja de fabulosos libros que mis pupilas devoraban, como los cuervos infernales devoran la carne de los huesos mientras éstos te observan con esas ventanas rojas que simulan el terror y la angustía descritas en dos palabras "Nunca más..."

Pero esta odisea se vuelve una historia sin fin y como un explorador de fantasías y literatura busco siempre una nueva aventura, me semurgo en páginas, atravieso capítulos, salto de fin a inicio y siempre habrá un libro que deleitar...